En unos tiempos en los que sólo se habla de lo que no va bien, de preocupaciones políticas, económicas, familiares… es necesario trasladarse a escenarios en los que se respira frescura, cordialidad, sencillez. Porque, entonces, se aclara la mirada, se ensancha el alma y se recupera la esperanza en el género humano y volvemos a alegrarnos interiormente: ¡qué buena es la gente! ¡qué bonita es la vida!

El sábado pasado un grupo de alumnas de bachillerato nos trasladamos a uno de esos ambientes y fuimos testigos de verdaderas proezas, gestos espléndidos vividos con naturalidad y discreción, como si se tratara de lo más normal. Y es cierto, lo normal de las personas es que son buenas, son generosas, les preocupa ayudar a los demás. Pero esto no lo cuentan las noticias, ni los artículos de prensa, ni los programas de televisión. Ya que tuvimos la suerte de ser espectadoras privilegiadas de gestas épicas, queremos hacer de cámaras y compartiros algo de lo que vivimos.

 

Desde la situación de pandemia ha ido creciendo el número de familias con dificultad para recibir alimentos. Por eso, Cáritas ha reforzado el esfuerzo en sus campañas de recogida de alimentos para solventar esta necesidad básica. Nosotras acudimos a la que se hizo el sábado 7 de noviembre y cubrimos el turno de 10.00 a 15.00 en el Mercadona de Tres Aguas. Los primeros minutos fueron de un violento forcejeo, entre el natural recato a acercarnos a las personas para pedirles y la necesidad de obrar con valentía para cumplir con la ayuda que queríamos hacer a Cáritas.

Con más o menos oportunidad (que fuimos mejorando a lo largo de la mañana), nos acercábamos a las personas que iban a entrar al supermercado, les explicábamos la campaña que queríamos llevar a cabo y les invitábamos a participar comprando algún producto de más para ayudar a personas necesitadas.

Cuando la gente salía del supermercado se acercaban a la mesa donde teníamos los carros y cajas de recogida y nos daban sus compras.  En unos folios íbamos inventariando las donaciones, para que luego fuera fácil la realización de paquetes por familias.

En tiempos de pandemia, el voluntariado es una ocasión para salir de las propias preocupaciones y abrirse a los más necesitados

El punto de inflexión fue cuando no íbamos a la gente a explicar las necesidades sino que la gente se acercaba a preguntar qué hacía falta:

Un matrimonio mayor se acercó y preguntó qué nos venía bien. En ese momento habían dado poco para bebés (potitos, pañales, aseo…), productos de limpieza o embutidos. Para nuestra sorpresa salieron con un carrito entero para dar. Una mujer de mediana edad también se acercó a dejar parte de su compra. Uno de los hijos, al ver lo que dejaba su madre, le dijo: “pero si de eso no tenemos nosotros”. Y la madre con mucha naturalidad le dijo: “hay personas que lo necesitan más”. Luego nos hizo una confidencia que nos dejó de piedra: “no puedo daros más, yo no trabajo y mi marido recibe la renta mínima”. Lo mismo pasó dos horas después: una madre con ocho hijos se acercó para ver qué faltaba por comprar. Cuando salió y dejó su aportación nos dijo: “me gustaría daros más pero yo no trabajo y mi marido está en paro”.

Un sacerdote jovencísimo salió con su carrito y se acercó a darnos una caja de varios litros de leche. “No, no, por favor, ud no. Le agradecemos mucho su gesto pero ud y nosotras estamos en lo mismo”. Pero esto no le frenó y ahí nos dejó tantos litros de leche.

Varios papás jóvenes que iban solos con niños muy pequeños -se veía que les tocaba hacer la compra y a la madre otros quehaceres- les ponían paquetes de arroz, pasta, galletas… en las manos de sus hijos para que fueran ellos los que los daban. Cuando les decíamos a los niños  “muchas gracias, qué generosos sois”, los padres decían: “no, no, gracias a vosotras por lo que hacéis”. Las madres, que además de enseñar con los gestos quieren que se grabe la lección, en varios casos les decían a sus hijos: “veis, hay que ayudar a los demás, eso nos hace mejores” o “cuando seáis mayores tenéis que hacer lo que están haciendo estas chicas”.

Otra cosa estupenda fue comprobar cómo el bien llama al bien. Hubo momentos de tal aglomeración de alimentos en el puesto que teníamos y de personas esperando a dejar los suyos, que gente que pasaba por ahí se acercó para ver qué pasaba y sin que se lo dijéramos, entraban en el super a dejar algo. En ocasiones, hacíamos comentarios entre nosotras del tipo: “qué maravilla, qué buena es la gente”, “Dios mío, qué generosos son”… y no nos dábamos cuenta que nos escuchaban. Y en tres ocasiones vimos que estos comentarios hicieron que personas que pasaban por ahí se pararan, entendieran qué hacíamos y entraran en Mercadona para aportar algo.

En fin, innumerables anécdotas podríamos compartir de esa jornada. Traemos sólo estas pocas para transmitiros el gozo que supone salir al encuentro de los demás: piensas que vas a dar algo y resulta que tú recibes mucho más. Cuántos héroes anónimos, sin capa, que no salen en las noticias, pero que son los responsables de hacer del mundo un lugar amable, extraordinariamente humano. Si de vez en cuando se nubla la vista por el peso de las preocupaciones y dificultades, buscad un escenario como el nuestro, son unas fantásticas vitaminas de esperanza y una dosis de dopamina de la buena.

Las alumnas que participaron en el voluntariado dejan aquí su testimonio:

“Nosotras no nos podemos quejar porque lo tenemos todo, así que ¿por qué no dar parte de nuestro tiempo para ayudar a estas familias? Es increíble cómo en un solo día se puede concienciar a miles de personas que van al supermercado aunque solo sea para donar un paquete de arroz, incluso hay gente que dona carros enteros. ¡Cada granito de arena acabará siendo una montaña!”. Covadonga Organero

 

 “Personalmente, me ha impresionado bastante como la gente iba aportando lo que podía; unas galletas, un paquete de pasta o un carro entero, que suponen un gran alivio para las familias necesitadas. La caridad y la generosidad son esenciales para cambiar el mundo y esta situación actual nos está enseñando a dar y a pensar en los demás. Ver a la gente dar con tanta facilidad, es muy inspirador y estoy deseando poder volver a colaborar”. Ainara Gil.

 

 “Gota a gota, bolsa a bolsa, paquete a paquete, se ha obtenido mucha ayuda para la gente más necesitada. Ver la generosidad de tantas personas según sus posibilidades, te tocaba dentro y te hacía plantearte por qué no ser más generosa día a día con los de tu alrededor, pues cuánto apoyo se brinda en los pequeños detalles de la vida ordinaria como en esta sencilla recogida de alimentos. Bien lo dice el Papa Fracisco El mundo cambiará si se arriesgan y no se quedan en el sillón. ¡El mar son gotas! ¿Acaso tú no eres una?” Daniela Castellanos.

 

 “Te das cuenta del valor de las cosas. Un euro puede ser un paquete de arroz, un paquete de arroz da de comer a una familia durante varios días. Al día siguiente, fui al supermercado y no es lo mismo. Lo que gastamos en caprichos le sirve a mucha gente para vivir. Este voluntariado me ha hecho salir de mí misma y relativizar muchas de mis preocupaciones (los exámenes, el confinamiento…) y darme cuenta de lo afortunada que soy. Todo aquello que hemos recibido gratis tenemos que darlo gratis, y es una maravilla comprobar como cuatro horas de un sábado por la mañana pueden dar tanto fruto”. Marta Pleite

 

 “Hay algo dentro de todos que nos mueve a colaborar aunque muy poquito, pero ese pequeño esfuerzo de cada uno acaba dando sus frutos, lo que resultó en poder alimentar a muchas familias. A las cuales puede que no vayamos a conocer nunca y por ello nadie va a felicitarte por haber ayudado…” Abril Diaz

 

 “ Al final no es tan importante lo que puedas ofrecer, sino el simple hecho de haber formado parte de un proyecto como este, que mejorará la vida de otras personas, es decir, de manera indirecta hemos influído y para bien en la vida de muchas personas que lo están pasando mal en estos momentos, y eso es muy enriquecedor. La unión hace la fuerza y ahora más que nunca!!!”. Jezabel

 

“Personalmente, pienso que fue una gran experiencia, con la que no solo tienes la oportunidad de ayudar a gente que realmente lo necesita, sino que también te hace crecer como persona, ya que, gracias a este voluntariado, puedes reflexionar sobre lo que es verdaderamente importante, y más en la situación que estamos viviendo actualmente”. Valeria Bayona

 

 “El sábado pasado al participar en este voluntariado me di cuenta de cómo somos en realidad, de la generosidad de la gente aun estando ellos mal, de cómo todos nos uníamos, poniendo cada uno un poco de su parte para construir algo precioso, y todo para ayudar, para darse, todo para otros. Ha sido una experiencia impresionante, con la que te das cuenta de que no cuesta nada dar un poco de tu tiempo para ayudar a los demás”. Patricia Poyato.