4º ESO trabaja el género de Cartas al Director 1

Fecha: 18/06/2026

Las alumnas de 4.º de ESO han trabajado durante las últimas semanas uno de los géneros más característicos de la prensa escrita: la carta al director.

A través de esta modalidad periodística, han aprendido a expresar opiniones de forma argumentada, reflexionar sobre temas de actualidad y participar en el debate público desde una perspectiva crítica y respetuosa.

Esta actividad les ha permitido acercarse al lenguaje periodístico y comprender la importancia de comunicar ideas con claridad, aportando razones y ejemplos que sustenten sus puntos de vista. Además, han descubierto cómo las cartas al director constituyen un espacio de diálogo entre los lectores y los medios de comunicación, contribuyendo a la construcción de una sociedad más participativa.

Como muestra del trabajo realizado, compartimos a continuación dos de las cartas escritas por las alumnas, en las que abordan cuestiones de interés social desde una mirada personal y reflexiva.

La obsesión con grabarlo todo (Isabel Martín, 4º ESO)

«Parece que hoy en día, hasta respirar se tiene que documentar. Vamos por la vida con el móvil, como si fuéramos cámaras vivientes que no pueden disfrutar de algo sin grabarlo primero.

Constantemente estamos viviendo conciertos llenos de pantallas, cumpleaños en los que la gente pasa más tiempo haciendo fotos que disfrutando del momento, y personas grabando accidentes y peleas en vez de ayudar.¿Estamos tontos? Hemos llegado al punto de ver el mundo a través de una cámara en lugar de con nuestros propios ojos, menudo desperdicio de vida. Parece que ahora es más importante subir las mejores fotos que disfrutar y pasarlo
bien en el momento.

Las redes sociales han hecho que estemos más pendientes de grabarlo todo que de vivirlo. Todo se publica y parece que todo necesita la aprobación de los demás. No importa si estamos cenando, viajando, con amigos o simplemente paseando, siempre está el listillo de turno pensando en el video perfecto en vez de estar con la gente que le rodea.

Lo más preocupante es que esta obsesión la hemos normalizado de una manera brutal. Nos hemos acostumbrado tanto a grabar todo que muchas personas no saben disfrutar ni un momento de su vida sin sacar el móvil cada cinco segundos.

Yo diría que ha llegado el momento de dejar el móvil y volver a mirar el mundo sin una cámara delante. Porque la mayor parte de nuestros recuerdos deberían quedarse en la memoria de la cabeza y no en la del móvil. Así aprenderíamos a apreciar y disfrutar muchísimo más esos momentos tan únicos que la vida nos da».

La efimeridad de los recuerdos más importantes (Lucía López Gil, 4º ESO)

«Cuando intento recordar, detesto la sensación de la brevedad de los momentos más especiales, esa dichosa costumbre que tiene la amarga vida de alargarnos las cosas incomodas y nefastas, para luego acortar las bonitas memorias que nos hacen felices.

Estoy harta de estar preparando momentos; que si que cumplido diré o como actuaré en cierta ocasión, para que luego, no me de ni cuenta y ya se haya esfumado, dejandome con un amargo sabor de boca, porque no viví un momento y estuve malgastado otros instantes de mi vida, deseando que hubiera sucedido de otra manera, por generar altas expectativas, me quedé sin vivir libre y emocionalmente ninguno de los dos.Y es algo injusto, pues pasamos más tiempo arrepentidos, que siendo plenamente conscientes de lo mucho que disfrutamos ese momento y de lo felices que somos, sobre todo, porque el recuerdo nos servirá de via de escape contra la monotonía.

Porque es contradictorio que los mayores placeres de nuestra insignificante presencia, sean los más efímeros y los más poderosos, que combaten junto al perdón, la memoria y el amor contra el paso del tiempo.

La sociedad nos dice que si nos esforzamos lo suficiente, alcanzaremos una felicidad “estable”,pero el problema no está en que la felicidad se acabe, sino que nunca hemos sido enseñados a convivir con su desaparición, no hemos sido preparados para el vacio, la soledad ni los cambios de emociones. Y aun así seguimos corriendo tras esos instantes que por muy efímeros que sean, muchas veces son un pilar fundamental para soportar todo lo demás.

Si lee esto quien gestiona el tiempo, ya es personal y sí, es una amenaza, usted tiene dos opciones; en primer lugar, que me consulte cuando quiero que se acabe cada momento o por otro lado que me deje rebobinar en el tiempo».