Fecha: 10/09/2026
Esta semana se han publicado los resultados de PISA 2025. Y son difíciles de ignorar.
España vuelve a situarse por debajo de la media de la OCDE en comprensión lectora, matemáticas y ciencias. Para quienes trabajamos en educación, el dato debería llevarnos a una pregunta sencilla:
¿Están aprendiendo nuestros alumnos todo lo que son capaces de aprender?
Y, a partir de ahí, otra todavía más interesante: ¿qué podemos aprender de aquellos lugares donde las cosas están funcionando mejor?
En Fuenllana llevamos años intentando hacernos esa pregunta también desde los datos.
Por eso decidimos someternos voluntariamente a la evaluación PISA para Centros Educativos. En 2020 nuestros alumnos obtuvieron 542 puntos en lectura, 521 en matemáticas y 499 en ciencias. En 2024 volvimos a evaluarnos y alcanzamos 513, 520 y 512 puntos, respectivamente, nuevamente por encima de las referencias de España y de la OCDE.
Son datos que nos alegran, pero sobre todo nos obligan a preguntarnos qué hay detrás de ellos.
No existe una fórmula mágica. Sí hay, en cambio, algunas convicciones que merece la pena defender.
La primera es no renunciar a la exigencia. Acompañar a un alumno no significa pedirle menos, sino ayudarle a descubrir que puede dar más.
La segunda es proteger la atención. Leer despacio, perseverar, razonar, hacerse buenas preguntas y sostener el esfuerzo son capacidades cada vez más necesarias, especialmente en un contexto dominado por las pantallas y la inmediatez.
Y hay una tercera convicción fundamental: los resultados académicos no pueden separarse de la formación de la persona.
No queremos alumnas que simplemente sepan muchas cosas. Queremos que sepan qué hacer con aquello que saben: que tengan criterio, que sean libres, que sepan trabajar, convivir, comprometerse y poner sus capacidades al servicio de los demás.
Por eso los resultados de PISA 2025 deberían preocuparnos, pero también pueden ayudarnos a recuperar algunas preguntas esenciales:
¿Estamos exigiendo suficientemente a nuestros alumnos? ¿Estamos enseñándoles a pensar? ¿Protegemos su capacidad de atención? ¿Qué papel tienen las familias? ¿Estamos formando jóvenes capaces de enfrentarse a la realidad con criterio propio?
Los datos no responden a todas estas preguntas. Pero sí pueden impedir que dejemos de hacérnoslas.
Los resultados obtenidos por Fuenllana en 2020 y 2024 nos confirman que es posible aspirar alto. Nos avalan, sí, pero sobre todo nos comprometen a seguir mejorando.