Los alumnos de infantil acudieron al colegio vestidos como auténticos granjeros, preparados para un día emocionante en el que muchos iban a ver por primera vez animales que para ellos solo eran una fotografía, un peluche o un dibujo animado.

El patio de infantil se convirtió en una granja-escuela durante un día. De esta forma tuvieron un acercamiento del mundo rural. Pudieron fomentar la capacidad de observación y respeto por el entorno natural mediante distintas actividades, ayudándoles a descubrir la riqueza de la fauna. Y por supuesto, realizaron un trabajo en equipo que desarrolló su compañerismo, a la vez que se divertían mucho.

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Al principio unos por timidez, otros por miedo, no se atrevían a acercarse a los patos, cerditos, pollitos y mucho menos a la iguana o la serpiente. Después, tras aprender de la explicación que les dieron los monitores, todos corrían detrás de los animales para poderlos coger, o jugaban divertidos con el gallo. Los corderos resultaron ser el centro de atención y todos pudieron acariciar lo que luego se convertiría en la lana de sus jerséis y darles el biberón. Durante un día estuvieron en contacto con un tipo de vida del que provienen muchos de nuestros alimentos básicos.

Fue muy emocionante ver la cara de todos los pequeños que contemplaban, tocaban y corrían asombrados junto a todos los animales. Pudieron poner en práctica lo que ya habían aprendido sobre como hay que tratar y cuidar a los animales, cuidando así la naturaleza.